Andrea Aramayo y el debate de Alanes y Peñaranda

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Al cumplirse un año de la muerte de Andrea Aramayo, el caso volvió a cobrar relevancia, porque aún no se estableció claramente las circunstancias en las que falleció. Esta situación ha generado que dos periodistas establezcan una posición sobre un caso aún no resuelto.

Raúl Peñaranda, periodista fue el que inició el debate al escribir una columna titulada:

“No cuadra que William Kushner sea un feminicida”

William Kushner ha cumplido un año en la cárcel. La lenta, deficiente y inhumana justicia boliviana lo tendrá seguramente mucho tiempo más entre rejas, donde llegó injustamente. Existe un relativo consenso de que el abogado y empresario no cometió feminicidio, pero pocos se animan de decirlo públicamente por el temor al linchamiento mediático.

Pero, desde mi posición de observador neutral (no conozco al acusado, jamás fui parte de su entorno y ni siquiera tengo amigos comunes con él), estoy convencido de que no mató a su expareja de manera premeditada. Es decir, no es un feminicida.

En primer lugar, según señalan todos los testigos, incluidos los de la parte acusatoria, la madrugada de la tragedia Kushner salió del bar en el que estaba antes que Andrea, no después. No tiene sentido alguno que un feminicida abandone un sitio antes que su supuesta víctima. Generalmente la víctima es la que intenta huir y el feminicida la persigue, no al revés.

Dentro del bar, además, los testigos confirman que era ella quien lo acosaba, abrazándolo por la espalda por largos minutos, impidiendo que se moviera. Al final de la noche, el responsable de la seguridad del bar forzó a Andrea a soltarlo y éste entonces fue a su vehículo con dos amigas. Todos habían bebido en exceso.

Allí ocurrió la tragedia. Andrea, ya soltada por el guardia de seguridad, corrió hacia Kushner y probablemente intentó aferrarse a la puerta del auto en movimiento, buscando quizás que su exnovio no abandonara el lugar. Al caer de nuca se produjo una herida en la base del cráneo que puede haber terminado con su vida. No se sabe exactamente, pero aparentemente Andrea cayó debajo de la llanta trasera del auto, que la arrolló. Eso, claramente, no es feminicidio, quizás sí homicidio culposo. Kushner luego dijo que frenó metros más adelante, se bajó del vehículo e intentó ayudar. Asegura que su celular estaba en su auto, por lo que volvió hacia él a pedir ayuda, entre otros a su hermano Luis, que es médico. Un amigo de Andrea pensó que intentaba huir y lo golpeó.

Es realista pensar que Andrea se abalanzó hacia el vehículo porque unos días antes, dos testigos de completa credibilidad, no relacionados al acusado, señalaron haber visto a Kushner a las afueras de un restaurant de la zona Sur de La Paz. Su pareja le impedía, interponiendo su cuerpo para evitar que la puerta del vehículo se cerrara, que éste pusiera el motor en marcha. Luego intentó tomar un radiotaxi, pero Andrea, abriendo los brazos en media calzada, evitó también el paso de ese auto.

Kushner finalmente pidió ayuda en ese restaurant, a donde ingresó con la ayuda de los dos testigos y, luego, salió de cuclillas por una puerta trasera. Andrea le envió luego mensajes de WhatsApp, que estuvieron disponibles en una página de Facebook, en los que le pedía disculpas por la escena y solicitaba que la relación se reiniciara (habían terminado poco tiempo antes). En los mensajes, que no han sido desmentidos, éste le dice que no estaba dispuesto a volver con ella. 

Si es que Andrea forcejeó en el auto frente al restaurant, a plena luz del día, y luego impidió el tránsito del radiotaxi al que Kushner se subió, es plausible pensar que, en la noche de la tragedia, intentara hacer algo similar.

A pocas horas de los hechos, temprano en la mañana, antes aún de que Andrea hubiera fallecido, su madre denunció a Kushner por feminicidio y la organización a la que pertenece, Mujeres Creando, inició la campaña contra éste, presionando mediante sus programas de radio, a policías, jueces y fiscales. La Fiscalía, ante la presión generada por la opinión pública, y sin siquiera analizar los primeros indicios del hecho, acusó a Kushner de feminicidio. 

La arremetida contra Kushner por parte de esa entidad feminista ha sido despiadada y, por tanto, desmedida e injusta. La base de la ideología de Mujeres Creando es correcta, es decir que el machismo de la sociedad afecta a la mujer y la pone en una posición subalterna, susceptible a la violencia y al abuso. Pero es en la mirada generalista donde falla: no todos los hombres son abusivos, no todos cometen delitos contra sus parejas y un varón no es una mala persona per se. María Galindo, la líder de esa organización, ha usado el micrófono, y su columna, para presionar a todos quienes están involucrados en el caso, incluidos los abogados de la parte acusada, para intentar demostrar su falaz argumento.

Mujeres Creando ha pintado a Kushner como un hombre violento, que abusaba de su pareja tanto psicológica como laboralmente. Las investigaciones de la justicia deberían comprobar si ello es cierto o no.

Pero los intercambios de WhatsApp a los que me he referido presentan una figura completamente distinta. En una ocasión, por ejemplo, Kushner hizo tareas con la hija de Andrea, en su oficina, porque la madre tuvo que salir a cumplir algún trámite personal. Raro hombre manipulador que, siendo el jefe de la empresa, acepta hacer tareas con la hija de su pareja.

También contradice en algo esa imagen el hecho de que, unos meses antes de la tragedia, comprara pasajes para él y Andrea para pasar el siguiente año nuevo en República Dominicana.

Tampoco cuadra con la imagen de hombre abusivo que su exesposa sea hoy su mayor defensora. La parte acusatoria llamó públicamente a “todas las exnovias” de Kushner a “acusarlo públicamente”. Radio Deseo, que dirige María Galindo, prometió anonimato para ellas. Ninguna lo hizo. Su exesposa asegura que tuvo relaciones afables con todas ellas.

El supuesto abuso laboral también es dudoso y sobre él debe decirse lo siguiente: la madre de Andrea pidió ser atendida con una rebaja en un centro dental de propiedad de Kushner, cosa que le fue concedida. Y una tía, pocos meses antes de la muerte de Andrea, envió su curriculum para trabajar con él. Así que tan mal tipo no debe haber sido.

Helen Álvarez, una apreciada y valerosa periodista, es la madre de la víctima. Su dolor solo lo puede entender, y procesar, ella. Dicen que no existe dolor más grande que perder a un hijo y ello debe ser cierto. Pero para reconciliarse con su hija, no necesita que un inocente esté 30 años en la cárcel. En este, como en todos los casos, la ciudadanía debe aspirar a que la justicia, sin presiones, emita un veredicto. 

Cinco días después, la periodista Zulema Alanes, respondió contra publicación titulada:


“Raúl Peñaranda y la apología de la violencia machista”.

Raúl Peñaranda sentenció que William Kushner Dávalos “no es un feminicida”.  Decidió constituirse en juez, y emitir un fallo con argumentos que apuntan a Andrea Aramayo Alvarez como la única responsable de su muerte.  

He cubierto los incidentes de esta tragedia desde hace más de un año y, en todo ese tiempo, hemos coincidido con Raúl Peñaranda en que a la hora de relatar las noticias sobre la violencia machista hay principios periodísticos y humanísticos que no pueden transgredirse.  Por eso comento su relato y expreso mi desacuerdo con sus argumentos y con la manera como los presenta.

Lo primero que debo decir es que no advierto que sea un “observador neutral”. Él sabe que no hay neutralidad a la hora de tomar decisiones sobre el enfoque, el lenguaje, las imágenes y las fuentes que se utilizan para narrar los hechos.  Sabe que la realidad toma significado a través de las palabras que se utilizan, de las imágenes que se eligen, de cómo se cuenta la historia.  Subrayar que “No conozco al acusado, jamás fui parte de su entorno y ni siquiera tengo amigos comunes”, no es garantía de neutralidad, es simple y llanamente, un intento por autoprotegerse de una sentencia que como periodista no le corresponde enunciar.

A la hora de informar o generar opinión pública la única posibilidad de ser imparcial es dando la palabra a parte y contraparte, pero Raúl Peñaranda decidió acallar la voz de Andrea –no sólo porque está muerta– sino porque cuando la alude simplemente lo hace para mostrarla como culpable de la tragedia: “Andrea (…) corrió hacia Kushner y probablemente intentó aferrarse a la puerta del auto en movimiento, buscando quizás que su exnovio no abandonara el lugar. Al caer de nuca se produjo una herida en la base del cráneo que puede haber terminado con su vida”.

No rescata uno solo de los argumentos de quienes reclaman justicia por su muerte, al contrario, siembre dudas sobre su conducta: “…la madre de Andrea pidió ser atendida con una rebaja en un centro dental de propiedad de Kushner, cosa que le fue concedida. Y una tía, pocos meses antes de la muerte de Andrea, envió su curriculum para trabajar con él”.  Como si la vida de una hija valdría la cuenta de un dentista.

Como periodista sabe que la representación es el proceso por el cual la realidad toma significado. Por eso, construye argumentos con los cuales espera que las personas midan y entiendan las acciones de Kushner y se contagien de la empatía que él muestra: “La arremetida contra Kushner por parte de esa entidad feminista (Mujeres Creando) ha sido despiadada y, por tanto, desmedida e injusta”, “…no todos los hombres son abusivos, no todos cometen delitos contra sus parejas y un varón no es una mala persona per se”.

La representación que Raúl Peñaranda elabora acerca de la violencia machista contra las mujeres está cargada de interpretaciones estereotipadas, al tiempo que culpa a Andrea y explica su muerte como una consecuencia lógica de su conducta irracional (“Si es que Andrea forcejeó en el auto frente al restaurant, a plena luz del día, y luego impidió el tránsito del radiotaxi al que Kushner se subió, es plausible pensar que, en la noche de la tragedia, intentara hacer algo similar”), proyecta a Kushner como víctima (… ha cumplido un año en la cárcel. La lenta, deficiente y inhumana justicia boliviana lo tendrá seguramente mucho tiempo más entre rejas, donde llegó injustamente). 

Destaca los logros de Kushner, el “abogado y empresario” –léase próspero, independiente, letrado–, e invisibiliza los atributos de Andrea de quien solo nos dice que acosó a su expareja hasta el punto de provocar un lamentable desenlace. De esa manera, refuerza el imaginario cultural que a lo largo de la historia misógina muestra a las mujeres como dignas de castigo y oprobio por comportamientos indebidos sancionados por el patriarcado.

Acude a la sensiblería más simplona para disculpar y justificar a Kushner: “(…) hizo tareas con la hija de Andrea(…)”.  Compró pasajes “(...) para pasar el siguiente año nuevo en República Dominicana (…)”. “Tampoco cuadra con la imagen de hombre abusivo que su exesposa sea hoy su mayor defensora”.

Se excede en extremo cuando se refiere a Helen Álvarez, “apreciada y valerosa periodista”, madre de la víctima, y sugiere que “para reconciliarse con su hija, no necesita que un inocente esté 30 años en la cárcel”.

En fin, Raúl Peñaranda no explica las fuentes de lo que relata, no da voz a la contraparte, presenta una visión sesgada de los hechos. Con su discurso efectista termina haciendo apología de la violencia machista. Toma partido por William Kushner  y muestra a Andrea Aramayo como instigadora de su propia muerte, por ello su exhortación “… a que la justicia, sin presiones, emita un veredicto” termina siendo un sin sentido.  

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Amalia Pando Cabildeo: Andrea Aramayo y el debate de Alanes y Peñaranda
Andrea Aramayo y el debate de Alanes y Peñaranda
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Amalia Pando Cabildeo
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